¡Hola viajeros! Aquí os cuento la mejor opción para visitar las minas de sal de Wieliczka y la experiencia que tuve en este lugar…

Visita a las minas de sal de Wieliczka

Apenas habíamos descansado de la visita de por la mañana a los campos de concentración de Auschwitz, pero teníamos menos de una hora para comer algo porque nuestro autobús salía a las 15:30 con destino a Wieliczka, una ciudad a 15 kilómetros de Cracovia, para hacer un viaje directo a las entrañas de la tierra.

Entrada a la mina

A muchos no os hará especial ilusión la idea de visitar una mina cuando estáis de viaje, pero la mina de sal de Wieliczka se incluyó en los lugares Patrimonio de la Humanidad desde su primera lista de 1978, por lo que tiene que tener algo especial y ser, por lo tanto, visita obligada si estáis unos días en Cracovia. Estas minas que llevan siglos produciendo sal son las más antiguas de Europa de este tipo y también de las más grandes de todo el viejo continente, además la mina tiene 9 niveles y alcanza los 327 metros de profundidad, lo que significa que ¡hasta se podría meter en ella la torre Eiffel!, una pasada.

Primera lista del Patrimonio de la Hunesco

Al igual que con la visita a Auschwitz, contratamos un tour guiado con CracoviaCityTour para visitar las minas, de esta forma podéis realizar las dos excursiones en el mismo día. Aunque también puedes hacer la visita por tu cuenta, contratar el tour es mucho más cómodo: se encargan del transporte, las entradas, la visita guiada es en español (precio: 30€) e incluye una comida en el restaurante Beer House (un menú bastante abundante solo pagando la bebida).

Importante

  • Esta excursión la realicé con la empresa CracowCityTours.
  • Para hacer esta visita por libre desde Cracovia hay que tomar el autobús 304 y obtener allí la entrada por unos 75 PLN (18€-14€ reducida).
  • Horario de 8 am a 5 pm en invierno y de 7 am a 7 pm en verano. Hay visitas guiadas en diferentes idiomas.
  • Más información en la web oficial.

Antes que nada, tened en cuenta que da igual la época del año en la que visitéis la mina ya que su interior se encuentra a unos 15ºC más o menos. Una vez entramos al edificio comenzamos la visita descendiendo casi al mismo centro de la tierra, o eso es lo que parece mientras bajas los 378 escalones que llevan hasta el primer nivel de las minas, a unos 64 metros de profundidad.

Escalera al centro de la tierra

La mina de sal de Wieliczka

Desde el siglo XIII en Polonia se han estado explotando estas minas, convirtiéndolas en unas de las más antiguas del mundo. Durante la visita se recorren unos 3,5 kilómetros, aunque la longitud de la mina supera los 300 kilómetros, así es, después de que acabéis las 3 horas de caminata que dura la visita por este laberinto subterráneo solo habréis visto un 1% de la superficie total de la mina, por lo que mejor no perderse. Durante la visita podréis ver desde enormes salas excavadas en la propia sal hasta capillas, museos, lagunas subterráneas e incluso salas de celebraciones…

Una vez allí, comenzaréis a ver las primeras esculturas talladas en sal por los propios mineros a lo largo de la historia. Si no recuerdo mal, la primera que llama la atención es la de Nicolás Copérnico: el famoso astrónomo polaco fue uno de los primeros turistas que visitó la mina en su época. Por ello, el día de su 500 cumpleaños los mineros hicieron una estatua de sal en su honor.

Escultura de sal de Nicolás Copérnico

Si avanzamos un poco más llegamos a otra sorprendente sala, la cámara de Janowice, donde podemos ver varias estatuas de sal que representan la leyenda de Santa Kinga, patrona de la mina. Cuentan que la princesa húngara Kinga estaba a punto de casarse con el príncipe de Cracovia, y como regalo para su prometido, la princesa pidió a su padre una mina de sal, un bien muy escaso y apreciado en esos tiempos. Se dice que Kinga tiró su anillo en una de las minas de sal de su padre antes de abandonar Hungría y, al llegar a su nuevo destino (Wieliczka), pidió que se excavara un profundo hoyo; al hacerlo se encontró el preciado mineral y envuelto en un cristal de sal el anillo de la princesa.

Leyenda de Santa Kinga

Pero no penséis que solo estas estatuas están hechas de sal, el valioso mineral está por todos lados, bien podréis comprobarlo si le dais un chupetón a la pared (yo mismo me aseguré). Continuando con el recorrido, la siguiente cámara está dedicada al rey Casimiro el Grande, quien redactó un reglamento por el que se comenzó a regir la gestión de la mina y reguló el comercio de sal, que en aquella época suponía la tercera parte de los ingresos del país; además de un gran busto del rey Casimiro también se pueden ver en la sala antiguas máquinas y representaciones sobre cómo transportaban la sal.

Escultura de sal del rey Casimiro el Grande
Casimiro el Grande

Sin embargo, aunque ya os he hablado bastante de ellas, no son las esculturas de sal lo más impresionante de las minas, sino que cualquier parte de la propia mina os dejará sin palabras con sus pasadizos, sus salas, sus capillas… A lo largo del recorrido os encontraréis con pequeñas capillas que los mineros utilizaban para sus oraciones, habiendo construido hasta 40 de estas salas en toda la mina. En aquella época un trabajo de este tipo iba asociado con un gran riesgo de muerte, lo que explica porque podemos encontrar en la mina tantas construcciones religiosas.

Capilla en la mina de sal
Cruz de sal

El momento cumbre de la visita a las Minas de Sal es en el que accedes a la Capilla de Santa Kinga por la parte superior, aunque más bien tendrían que haberla llamado catedral; uno de los lugares más increíbles que he visitado. Sin ninguna duda esta sala es la joya de la corona, una auténtica obra de arte subterránea hecha en su totalidad de sal. Llegados a este punto nos dicen que si queremos tener permiso para hacer fotos y vídeo el resto del recorrido hay que pagar unos 10 PLN (2,5€).

Capilla de Santa Kinga

Esta sala cuenta con una gran cantidad de adornos, esculturas y tallas; por ejemplo, nos encontramos un relieve de la última cena de Da Vinci entre los relieves tallados en las paredes, una escultura de Juan Pablo II, el altar, y varios adornos más hechos con este preciado mineral que no te dejarán indiferente (hasta las lámparas son de sal).

Altar de Santa Kinga
La última cena de Da Vinci en sal
Escultura de sal de Juan Pablo II

Tras dejar esta sala todavía quedan lugares con los que maravillarse dentro de la mina. El primero es la cámara Michalowice, una sala inmensa con gigantescas vigas de madera que se pierden en la altura y que, si sois fan de El Señor de los Anillos como yo, os recordará a las minas de Moria, ya que parece sacada de los libros de Tolkien; además cuenta con la lámpara de araña más grande que veréis en todo el recorrido.

Sala Michalowice

Seguimos caminando y nos encontramos con un lago subterráneo, estamos en la cámara de Weimar. Además de agua, esta sala también se llena con la música de Chopin, otro célebre polaco que visitó las minas en su época.

Cámara Weimar

En este punto la ruta por las minas parece que llega a su fin, sin embargo, este lugar aún nos guarda una sorpresa más, la cámara Warszawa, donde actualmente se celebran bailes y otros eventos.

¿El restaurante más profundo de la Tierra?
Lámpara de sal

Después de toda esta caminata te encuentras en el lugar más profundo del recorrido (donde incluso hay wifi) y toca subir, aunque no por las escaleras, sino por un antiguo y pequeño ascensor que utilizaban los mineros, así que toca apretujarse como sardinas en lata para vivir una experiencia divertida y subir a la superficie dejando atrás este maravilloso lugar cargado de historia.

Escultura de sal de un minero

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